Hechos

La Embajada de Turquía en Uruguay publicó el 25 de abril de 2024 en el diario El País una columna de opinión en respuesta explícita a una nota publicada tres días antes por la actual embajadora de la República de Armenia en Uruguay, Mariam Gevorgyan, en el marco del 109º aniversario del Genocidio Armenio. En el texto, titulado “Falsedades creídas que eclipsan verdades rechazadas” y sin la firma personal del embajador, se presenta una versión distorsionada, falsa e infundada del genocidio de 1915-1923, que el Estado turco sigue presentando como una “guerra” entre partes iguales.

Entre otras cosas, la embajada turca habla de “importantes bajas infligidas por los ataques armenios”, asegura que no hubo “deportación” sino que se trató de una “reubicación interna” de los armenios que vivían en el Imperio Otomano, y recuerda que “alrededor de 300.000 armenios continuaron residiendo en áreas no conflictivas como Estambul y ciudades occidentales durante la guerra”.

Por otra parte, argumenta que “no existe evidencia de una intención genocida por parte del gobierno otomano” y que “ni un tribunal competente ha dictaminado sobre este asunto”.

“Lo que nos oponemos es a presentar los trágicos eventos de 1915 como un genocidio perpetrado por un lado contra el otro. Los esfuerzos por distorsionar ese pasado doloroso al caracterizar esos eventos que llevaron al colapso del Imperio Otomano como ‘genocidio’ no solo son legalmente incorrectos, sino que también contradicen las realidades históricas. Tal tergiversación ignora por completo el sufrimiento turco y musulmán”, señala el texto.

Para concluir, la embajada turca refiere a “los procesos de normalización en curso” entre Armenia y Turquía como una “oportunidad histórica para una paz duradera y estabilidad en la región” pero que, sin embargo, se estarían viendo obstaculizados por “los elementos radicales dentro de la diáspora armenia”.


Contexto y consideraciones

La presentación de los hechos de 1915-1923 como una guerra entre dos partes en igualdad de condiciones es parte del discurso oficial negacionista que promueve Turquía, a pesar de que –muy lejos de lo que afirma la embajada en la columna– existe abundante evidencia histórica que prueba que se trató de un genocidio. 

Respecto a la afirmación de que “ni un tribunal competente ha dictaminado sobre este asunto”, es necesario recordar que, después de que terminó la Primera Guerra Mundial, con la derrota del Imperio Otomano, se estableció un tribunal especial que juzgó y condenó in absentia a los funcionarios del Imperio y líderes del partido de los Jóvenes Turcos, responsables del Genocidio Armenio. Sin embargo, las condenas nunca se ejecutaron y los criminales permanecieron libres.

Esta impunidad es la base sobre la que se erige su política negacionista.

Por otro lado, referirse a las deportaciones como “reubicaciones internas”, además de cínico, es insostenible frente a la evidencia documental que muestra que cerca de dos millones de personas fueron obligadas a caminar por el desierto, sin alimentos ni medios de transporte, algo que no puede tener otro objetivo que el exterminio.

En cuanto a la normalización de las relaciones entre Turquía y Armenia, si bien es un argumento mantenido por la diplomacia turca desde hace más de una década, no queda claro cómo los esfuerzos de Turquía están colaborando con el proceso.

En tanto, el ataque contra la diáspora armenia, calificada de “radical”, es un intento de descalificar la lucha que sostienen los armenios en todos los continentes y que, entre otras cosas, logró que el Genocidio Armenio hoy haya sido reconocido por más de 40 países y organismos internacionales.


Repercusiones

Si bien el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay se comprometió ante representantes de la Colectividad Armenia del Uruguay a que no se admitiría ninguna forma de negacionismo del Genocidio Armenio por parte de los representantes diplomáticos de Turquía acreditados ante Uruguay, haciendo hincapié en las cartas a periódicos, no hubo ningún tipo de repercusión oficial ante esta nueva publicación negacionista.