La agresión militar conjunta  de Turquía y Azerbaiyán a las Repúblicas de Armenia y Artsaj de la segunda mitad de 2020 constituye el último intento infructuoso de resolución por la fuerza del conflicto de Nagorno Karabagh. 

Además de incrementar en varios miles las víctimas mortales, la ocupación de Azerbaiyán de la mayor parte de los territorios pertenecientes a la República de Artsaj obligó al desplazamiento de decenas de miles de armenios de sus hogares. A la vez, destruyó por completo las infraestructuras civiles de Artsaj y confirmó la imposibilidad de que la región pase a encontrarse bajo la administración de Azerbaiyán, el Estado que no dudó en bombardear a la población civil con armamento prohibido a nivel internacional. 

Mientras la posibilidad de una resolución pacífica del diferendo parece más lejana, las partes se aprestan a cumplir con los términos de un nuevo cese al fuego mediado por Rusia y en extremo favorable a Azerbaiyán. En la medida que este acuerdo no ha abordado la cuestión central del estatus futuro de la República de Artsaj, la amenaza de nuevos derramamientos de sangre sigue latente. 

El antecedente: la agresión militar de Azerbaiyán a Armenia en Julio 2020 

Entre el 12 y el 30 de julio de 2020 Azerbaiyán violó el cese al fuego acordado en 1994 y el llamado del Secretario General de las Naciones Unidas de evitar confrontaciones armadas durante la pandemia del covid-19.  Los ataques se produjeron en la región de Tavush, en el noroeste de la frontera internacionalmente reconocida de la República de Armenia, tomando como objetivo las aldeas y poblados fronterizos.

Los enfrentamientos evidenciaron el involucramiento de Turquía, que prometió poner al servicio de Azerbaiyán “drones de combate, armamento y misiles, con nuestra experiencia, tecnología y capacidades”. El presidente Erdogan, por su parte, prometió “terminar con la misión que nuestros antepasados han llevado a cabo durante siglos en el Cáucaso”, en alusión directa al Genocidio Armenio.

Por su parte, el vocero del Ministerio de Defensa de Azerbaiyán amenazó públicamente con un ataque misilístico dirigido a la Central Nuclear de Metsamor de 408MW, ubicada en Armenia,lo que constituiría una acto genocida con consecuencias catastróficas para toda la región.

La agresión militar conjunta  de Turquía y Azerbaiyán a las Repúblicas de Armenia y Artsaj de la segunda mitad de 2020 constituye el último intento infructuoso de resolución por la fuerza del conflicto de Nagorno Karabagh. 

Además de incrementar en varios miles las víctimas mortales, la ocupación de Azerbaiyán de la mayor parte de los territorios pertenecientes a la República de Artsaj obligó al desplazamiento de decenas de miles de armenios de sus hogares. A la vez, destruyó por completo las infraestructuras civiles de Artsaj y confirmó la imposibilidad de que la región pase a encontrarse bajo la administración de Azerbaiyán, el estado que no dudó en bombardear a la población civil con armamento prohibido a nivel internacional. 

Mientras la posibilidad de una resolución pacífica del diferendo parece más lejana, las partes se aprestan a cumplir con los términos de un nuevo cese al fuego mediado por Rusia y en extremo favorable a Azerbaiyán. En la medida que este acuerdo no ha abordado la cuestión central del estatus futuro de la República de Artsaj, la amenaza de nuevos derramamientos de sangre sigue latente. 

La “Guerra de los 44 días” de setiembre-noviembre 2020

Contando con el apoyo militar directo de Turquía, el 27 de setiembre de 2020 Azerbaiyán lanzó una serie de ataques en toda la línea de contacto con la República de Artsaj, produciendo los peores enfrentamientos desde el cese al fuego acordado por las partes en 1994.

Azerbaiyán sometió al territorio a un bombardeo aéreo y terrestre con el uso de armamento pesado, vehículos blindados, aviación tripulada y drones, que no solo dirigió contra las posiciones de los puestos de defensa de Artsaj, sino también contra instalaciones y poblaciones civiles, incluyendo la capital Stepanakert, causando numerosos muertos y centenas de heridos, tanto militares como civiles.

El presidente de Francia Emmanuel Macron confirmó la presencia en Azerbaiyán de mercenarios pertenecientes a grupos rebeldes entrenados por Turquía en Siria desde semanas previas al inicio de los ataques, en tanto que se incrementaron durante septiembre los vuelos militares de carga entre Azerbaiyán y Turquía.

El reclutamiento de mercenarios, la utilización de bombas de racimo contra centros poblados, el bombardeo intencional de hospitales, centros culturales y religiosos y la utilización de fósforo blanco fueron algunos de los crímenes de guerra cometidos por Turquía y Azerbaiyán.

Las tres treguas humanitarias para el retiro e intercambio de cuerpos acordadas bajo la mediación de Rusia, Francia y Estados Unidos respectivamente, fueron violadas a los pocos minutos de su puesta en vigor por parte de Azerbaiyán.

Tras ocupar toda la línea fronteriza entre la República de Artsaj e Irán, el ejército de Azerbaiyán dirigió su avance hacia el norte, con el objetivo de capturar el corredor de Berdzor/Lachín (principal vía terrestre de las dos que conectaban Armenia y Artsaj) y la ciudad de Shushí, centro cultural, religioso e histórico de Artsaj, además de la segunda ciudad en población.

Tras 44 días ininterrumpidos de agresión indiscriminada contra la población civil de Artsaj, el 9 de noviembre se anunció la firma de un acuerdo trilateral, firmado por el Primer Ministro de Armenia, y los presidentes de Azerbaiyán y Rusia, aceptado por el presidente de la República de Artsaj, a pesar de los términos sumamente favorables a Azerbaiyán. El acuerdo establecía que:

  • Las partes intercambiarán los prisioneros de guerra y los cuerpos de los caídos.
  • Las tropas de Azerbaiyán retendrán los territorios ocupados durante la guerra y entregarán a Azerbaiyán todos los territorios que formaban parte de la República de Artsaj fuera de lo que fue la región autónoma de Nagorno Karabagh en la era soviética.
  • Rusia desplegará una misión de paz de 2000 hombres durante cinco años en el territorio remanente (no ocupado) de Artsaj incluyendo el corredor en torno al corredor de Lachin, que vincula Armenia y Artsaj.

En los días siguientes, y dando cumplimiento con los términos del acuerdo, la población civil armenia debió abandonar los territorios de la República de Artsaj entregados a Azerbaiyán, en la mayoría de los casos quemando sus casas previamente, para evitar legar al enemigo sus hogares ancestrales. Durante los días posteriores al cese al fuego, se difundieron videos en las redes sociales azerbaiyanas en los que civiles armenios capturados en Artsaj eran golpeados, humillados y en varios casos ejecutados y decapitados por fuerzas regulares y especiales del ejército de Azerbaiyán.

En el esfuerzo de destruir el vínculo y la memoria del pueblo armenio con su identidad histórica, los soldados azerbaiyanos destruyeron iglesias, entre ellas la catedral de la Iglesia Apostólica Armenia de Shushí, monumentos y escuelas armenias, así como también saquearon viviendas y empresas.

Se estima que perdieron la vida durante el conflicto casi 5.000 soldados y conscriptos armenios, 2.900 militares azerbaiyanos, unos 541 mercenarios sirios al servicio de Azerbaiyán, 100 civiles azerbaiyanos y 88 armenios. Aproximadamente unos 70.000 armenios debieron abandonar la República de Artsaj (miles de ellos no pudieron ser reasentados tras la finalización de los ataques).

La xenofobia anti armenia impulsada por los presidentes de Azerbaiyán y Turquía como políticas de Estado se expresó impúdicamente durante el “Desfile de la Victoria” que los mandatarios presidieron en Bakú, el 10 de diciembre de 2020. Allí, Ilham Aliyev se refirió a la capital de Armenia, Yerevan, y las regiones de Syunik y Geghargunik como “territorios históricos de Azerbaiyán”, en tanto que Erdogan bendijo la memoria de Enver Pashá, reivindicando a uno de los integrantes del triunvirato gobernante otomano que planificó, ordenó y ejecutó el Genocidio Armenio en 1915-23.

Si bien el acuerdo tripartito establecía el intercambio de todos los prisioneros de guerra, Azerbaiyán retuvo a decenas de civiles y militares armenios de forma totalmente ilegal. Human Rights Watch, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el Parlamento Europeo entre otros, denunciaron el tratamiento cruel y degradante durante la captura de los soldados armenios y pidieron la liberación de todos los prisioneros de guerra del conflicto.

En respuesta a este nuevo enfrentamiento en la región, el Secretario General de la OEA, las comunidades armenias de la diáspora, ambas Cámaras del Parlamento de Uruguay y decenas de organizaciones y personalidades (incluyendo una declaración conjunta de cuatro ex presidentes de Uruguay), mostraron su solidaridad con el pueblo armenio, condenaron las agresiones de Azerbaiyán y reclamaron el cese del fuego. Por su parte las Juntas Departamentales de Montevideo y Paysandú reconocieron la independencia de la República de Artsaj.