A casi tres años del desplazamiento forzado de toda la población armenia de Artsaj, veinte armenios continúan detenidos en Azerbaiyán. Para la abogada Siranush Sahakyan, representante de los prisioneros ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), no se trata de casos penales aislados, sino de una política de “diplomacia de rehenes”, en la que las personas privadas de libertad son utilizadas como herramienta de presión política en las negociaciones entre Armenia y Azerbaiyán.
En una entrevista concedida al Consejo Causa Armenia del Uruguay, Sahakyan da cuenta que el problema ya no es únicamente la detención ilegal de ciudadanos armenios, sino el funcionamiento de un sistema que busca impedir cualquier posibilidad de defensa. La abogada denunció que las autoridades azerbaiyanas le han impedido reunirse con sus representados, tanto de forma presencial como virtual, restringiendo su derecho a contar con asistencia jurídica independiente. A esto se suma otro hecho especialmente grave: las sentencias dictadas en febrero de 2025 aún no han sido entregadas ni a los propios condenados, ni a sus familiares, ni a sus abogados, imposibilitando el ejercicio efectivo del derecho de apelación ante instancias internacionales.
Frente a este escenario, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos adoptó algunas medidas provisionales, como ordenar a Azerbaiyán abstenerse de adoptar cualquier acción que ponga en riesgo la integridad de los detenidos y, posteriormente, dispuso que las sentencias fueran entregadas a los acusados, sus abogados y familias. Sin embargo, según Sahakyan, Bakú continúa incumpliendo estas resoluciones, profundizando las violaciones al derecho a un juicio justo y dificultando el acceso a la justicia internacional.
Sin embargo, el problema trasciende el plano estrictamente jurídico. La abogada advirtió que los prisioneros permanecen recluidos en un entorno donde el odio contra los armenios constituye una política promovida por el Estado. Alertó sobre el deterioro de su salud, la falta de acceso adecuado a atención médica y el riesgo permanente para sus vidas.
La experiencia internacional ofrece motivos para no caer en el pesimismo absoluto. Sahakyan citó el caso de Osman Kavala en Turquía como ejemplo de cómo una sostenida presión internacional puede mantener un caso en la agenda global, aun cuando la liberación no llegue de inmediato. “Estos antecedentes demuestran que los gobiernos autoritarios no son completamente inmunes a la presión cuando ésta es constante, coordinada y respaldada por organismos internacionales”, indicó la abogada.
Como advierte Sahakyan, mientras Azerbaiyán continúe utilizando a los prisioneros como herramienta de negociación política, la responsabilidad de la comunidad internacional no termina con emitir declaraciones de preocupación. “Una presión sostenida de los tribunales internacionales, organismos de derechos humanos, parlamentos y gobiernos democráticos podrá generar condiciones para su liberación y evitar que la diplomacia de rehenes se consolide como un mecanismo aceptado en las relaciones internacionales”, concluyó la abogada.
Publicado originalmente en el Boletín del Consejo Causa Armenia del Uruguay. Para recibir el boletín en su correo electrónico, suscríbase aquí.
